Para quien me conoce le sonara familiar el hecho de que escriba acerca del "RANCHO", este mágico lugar que se encuentra en el estado de Hidalgo aporto a mi y a mi familia de una zona de tranquilidad, convivencia con la naturaleza y conocimiento del entorno del otro México que pocas veces apreciamos quienes vivimos en una gran ciudad. En este lugar cuando era muy pequeño tuve la oportunidad de disfrutar de la vida del campo, entre animales, naturaleza, costumbres y entornos que hoy me hacen emitir largos suspiros por que mucho de eso ya no existe, fruto de un crecimiento y desarrollo de la región, pero que no deja uno de mirar con nostalgia de cuando en cuando. Recuerdo mucho la casa de mi tía Ana, estaba en la esquina de la entrada al pueblo, contaba con paredes de adobe en las cuales varios abejorros realizaban sus nidos y en ese tiempo solía tenerles mucho respeto por que no estaba muy seguro si eran belicosos o inofensivos. Tenía mis primos los cuales andaban muy cerca en edad de nosotros (mis hermanos y yo) por lo que pasábamos largos ratos conviviendo con ellos, en provincia la gente tiene obligaciones a muy temprana edad, por lo que ellos nos involucraban en sus actividades diarias las cuales eran siempre una posibilidad de goce para un citadino como yo, pues regularmente consistían en viajes placenteros llevando a los chivos a pastar o a las milpas a regar tareas para nosotros no comunes e interesantes aunque creo que para ellos no tanto. En ese bendito lugar pasamos muchos años disfrutando de la hospitalidad de mis tíos viviendo experiencias increíbles y hoy tan felizmente recordadas. Cosa aparte era ir al rió, cada paseo era una experiencia sin igual ya fuera solo o acompañado era tan agradable ir a mojarse a construir diques para generar pozas y nadar en ellas, también corría nuestra imaginación e imaginabamos que eramos héroes de guerra o personajes de historietas con poderes asombrosos que luchaban con villanos que construíamos con piedras de rió y que invariablemente caían derrotados por nuestra fuerza sobre humana. Cuando llegábamos por la tarde a casa famélico por las actividades realizadas, siempre nos esperaban con un molito o guisos sabrosisimos que mi Abuela Claudia cocinaba para nosotros y a quien por cierto culpo de gran parte de mi panza ya que acostumbraba platicar contigo mientras comías, y en cuanto veía que ibas a terminar tu plato, sin decir agua va te lo llenaba de nuevo y terminábamos harto de satisfechos. En las noches nos sentábamos en esas cocinas de pueblo llenas del humo de leña utilizada para preparar los manjares del siguiente día o en calentar ese café que por ser de provincia tenía un sabor distinto tan agradable y que dificilmente encuentras en el Starbucks o en cualquier otro lugar. En ese lugar escuchábamos a los adultos conversar del día a día del pueblo lo que le pasaba a fulano o a zutana, y con suerte también nos contaban historias de años anteriores o leyendas que a veces nos causaban risa o en ocasiones nos daban mucho miedo. En fin hoy en día aunque seguimos viajando a ese lugar y lo disfrutamos mucho hay cosas que hoy en día no existen mas y que me hubiera gustado que mis sobrinos hubieran conocido, yo se que disfrutan mucho su estancia ahí, pero lo que afortunadamente yo viví, tal vez no lo verán jamas y espero que algún día ellos recuerden estos hechos y los transmitan como yo lo hago ahora.
Saludos
Benja, me has hecho terminar mi día de la mejor manera... Con una añoranza sabor a tortilla, a café con nuez y a frijoles.
ResponderEliminarYo solo espero que mis hijos cuenten con tus memorias para construir las suyas propias, y he de decirte que hay un enano que aun le parece maravilloso que tu coche hubiera tenido alas.
Te quiero mucho!!!